jueves, 15 de febrero de 2018

¿Dónde está el ejército que defiende al pueblo de Colombia?

Por: Alexander Ferms.

Después del histórico Día de la Victoria en la Batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819, donde un ejército de valientes campesinos, criollos, mestizos, mulatos, zambos, negros e indígenas armados de gran y heroico valor, con el apoyo y experiencia militar de los legionarios británicos al servicio de la subversión patriótica y bajo el mando de nuestro Libertador Simón Bolívar, logran proclamar la verdadera independencia de la nación neogranadina de Colombia de la despótica Corona Española. Luego de esta hazaña heroica, no se ha visto nuevamente un acto de tal valor y significado en nuestro territorio.

Libertador Simón Bolívar con la Legión Británica
Han pasado poco más de 190 años, donde recordamos a ese ejército patriota, que nos dio la libertad y que tenía un horizonte muy claro, pero que gracias a la traición santanderista, los nuevos terratenientes y las viejas estructuras coloniales, perdió su poderío y horizonte, sometiéndose a las órdenes de una casta de familias naciente, representada en los apellidos Santos, López, Lleras, Holguín, Caro, Valencia, Pastrana, y, recientemente, a las familias emergentes como Uribe, Sarmiento, Ardila, Santamaría, Santodomingo, que hasta ahora, han entregado innumerables e incalculables pérdidas al país, han cedido territorio a otras naciones y han concesionado nuestros recursos naturales a multinacionales, mientras que el ejército, se ha postrado a seguir sus órdenes y defender sus intereses, riquezas y posesiones, los altos mandos representados en esas castas se han limitado a defender a las cerca de 3000 familias que concentran todo el poder y riqueza, dejando de lado al ejército raso que representa al resto del país, unas 48 millones 997 mil personas aproximadamente; soldados resignados a cumplir órdenes de sus superiores, a despojar campesinos de sus tierras, defender a los hacendados, a las multinacionales y las bases militares extranjeras, en otras palabras, a disparar en contra de su propio pueblo.

Bolívar dijo: ‘maldito el soldado que dispare en contra de su pueblo’, pero poco ha importado su legado, muchos soldados siguiendo órdenes de sus superiores han perpetrado tan miserables crímenes desde hace 190 años, y mucho más cuándo nacieron los grupos beligerantes, dando la razón a un pequeño grupo de familias dominantes y no al clamor y sufrimiento de todo un pueblo.

Si Simón Bolívar, Daniel O’Leary, W.A. Ferms, James Rooke supieran en lo que se ha convertido el país por el cual buscaron la libertad y dieron sus vidas, y además vieran lo que es hoy en día su ejército, -una tropa disminuida al servicio de los verdugos de la libertad, utilizando símbolos propios de la antigua Corona Española, haciendo honores a las familias dominantes y a sus descendientes españoles-, sentirían gran vergüenza, deshonra e indignación, y preguntarían: ¿qué ha pasado aquí?, ¿qué ha quedado del legado, del sacrificio y del honor del ejército libertador?, hemos vivido durante cerca de 150 años en una dictadura civil y democrática que no ha dado nada bueno al país, sumando esto a que no hay un líder militar en la actualidad que ponga orden, que de valor real a la historia e imparta justicia en este país.

General Gustavo Rojas Pinilla
Ahora, si existiera alguna inspiración moderna, esa sería el General Rojas Pinilla, quien hizo por el país lo que en décadas no hicieran las familias que han gobernado. Ha sido el único militar moderno digno de su uniforme, quien veló por los derechos de los indígenas y su integración al Estado, le dio a la comunidad Wayuu un acueducto; automatizó la telefonía urbana y rural para el fortalecimiento de las comunicaciones e impulsar la educación y la cultura; fortaleció la educación popular práctica y tecnológica, y la educación rural con nuevas tecnologías agrícolas; se propuso la creación de numerosas escuelas, colegios y universidades, creó, organizó y dio especial apoyo a la Universidad Pedagógica de Colombia con sede en Tunja, elevando a esta categoría a la antigua Normal Superior Universitaria de Colombia; creó el SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje); impulsó la cultura popular aprovechando los medios tecnológicos: la televisión, la radio, el teatro, la imprenta y todos los medios que llevan a la superación cultural; auspició la construcción de numerosas obras de infraestructura, entre ellas las siguientes: la terminación del ferrocarril del Atlántico; la pavimentación de la mayor parte de las carreteras troncales del país; la construcción del Aeropuerto Internacional El Dorado y 18 aeropuertos más; la construcción de acueductos, alcantarillados, avenidas y numerosas obras de infraestructura en pueblos de distintas regiones colombianas; bajo su mandato se terminó la represa hidroeléctrica de Lebrija y la nueva refinería de Barrancabermeja; para facilitar el manejo de las licencias de importación creó dos bancos públicos, el Banco Ganadero y el Banco Cafetero; impulsó la vivienda popular, la casa campesina, el seguro campesino y la bolsa de empleos; inició y propició la amnistía para los alzados en armas, principalmente para los guerrilleros de los Llanos Orientales, Tolima, Antioquia y otros departamentos y territorios nacionales azotados por la violencia; creó la Oficina de Rehabilitación y Socorro para colaborar con los damnificados de la violencia; impulsó el voto de la mujer, y aun así dicen que fue un horrible dictador y que usurpó las huestes del poder, porque gobernó para la gente, para el pueblo e hizo grandes obras por el país, para mí, él fue un auténtico líder, un militar de verdad, un dirigente digno de imitar.

Bien, si existiera uno como Rojas Pinilla, sería bueno conocerlo, porque si no existiera y tuviera personalmente la oportunidad de dirigir en algún momento este país, no dudaría un instante en ponerme el uniforme, en tomar las riendas del ejército y de recuperarlo para nuestro país, porque -el honor de ser un militar no tiene precio, el deber de un militar es hacer lo correcto así cueste-, de esa forma lo hizo saber el legionario Coronel W.A. Ferms, al elegir defender su pueblo en la independencia de los Estados Unidos contra el Imperio Británico, también cuando tuvo que combatir a Napoleón en tierras europeas y luego cuando le aceptó a Bolívar combatir a los españoles en América del Sur con sus más de 250 hombres, por el honor y la gloria de libertar a un pueblo y fundar una nación.

Escudo de armas Coronel W.A. Ferms
El ejército es un elemento fundamental de una nación, de un país, yo diría que es uno de los componentes más importantes, que debe y tiene que servir al pueblo, a su gente, se debe a la defensa no sólo de una nación, se debe a la defensa de una comunidad de personas, y si las cosas en lo político, lo administrativo, lo gubernamental, lo empresarial y lo social no funcionan, y si el pueblo sufre a causa de las decisiones de quienes gobiernan, es una obligación la intervención del ejército, porque quienes están en sus filas son hijos e hijas de ese pueblo que sufre, que no tiene oportunidades, que no tiene empleo, que es explotado, desterrado, usurpado, despojado y que no tiene quien lo defienda.

Las armas son para la defensa del pueblo y no para apuntarlas contra él, las acciones y decisiones deben ser siempre favorables al pueblo, cueste lo que cueste, porque el deber de un militar, un auténtico militar es hacer lo correcto, y ante los graves problemas que tiene el país, el ejército debe tomar acciones, debe ser protagonista y retomar el orden público, social, político y económico.

Yo espero ver un ejército de verdad, que se una a las causas populares, que defienda el territorio, que defienda la soberanía, que defienda la autonomía, que defienda la cultura, que defienda los recursos naturales, que defienda el legado libertador, que defienda al pueblo, que conozca la historia y no permita que se siga mancillando nuestros territorios, nuestras gentes e identifique a los verdaderos enemigos de la Patria.

Atentamente, su Constituyente Andino Alexander Ferms, hijo de la Patria Grande y orgullosamente descendiente legionario británico de la independencia.

domingo, 4 de febrero de 2018

El voto protesta, el camino del verdadero cambio.

Por: Alexander Ferms

Contrario a lo que los medios de comunicación o algunos personajes públicos dicen sobre el rumbo o el futuro del país, de lo que nos conviene o no a todos los ciudadanos, sobre quien pueda ocupar la presidencia en la nación neogranadina de Colombia, hay que saber que independiente de quien sea el nuevo presidente, este va a tener de frente una sociedad completamente destruida, sumida en una profunda crisis de múltiple nivel histórico, que viene acentuándose paulatinamente desde 1886 con el ascenso de Rafael Núñez a la Presidencia y la promulgación de la retrógrada Constitución Política centralista.

Para nadie es un secreto, que venimos gobernados desde hace poco más o menos 200 años por las familias tradicionales, llamadas también por Gaitán: ‘la oligarquía’, -y que no ha cambiado mucho hasta ahora-, esos personajes quienes inmediatamente luego del proceso independentista se autoatribuyeron el derecho de ser nuestros gobernantes y se han distribuido los recursos, el poder y el derecho de decidir por todos nosotros, sin que nadie se los impida.

Esas familias, quienes han gobernado siempre, son los responsables de lo que hoy es la nación neogranadina de Colombia, son responsables de los constantes conflictos bélicos en la historia del país, de la pérdida de soberanía, de respeto, de territorio (Panamá con EEUU, islas Monjes con Venezuela, mar con Nicaragua, Putumayo con Perú, territorio amazónico con Brasil y territorio con Ecuador), de obras y recursos naturales (canal de Panamá con EEUU, petróleo con multinacionales de EEUU, Canadá, UK, España, entre otros países), y además, son responsables de la profunda crisis que padecemos hoy, son responsables de la existencia de los actores armados que buscaron un cambio por medio de la fuerza desde hace más de 50 años.

No podemos negar la oportunidad única que tenemos de reconstruir al país, hoy, los actores que antes eran armados han tomado el camino de la reconciliación, la democracia y las vías no violentas, donde pactaron una salida negociada con el gobierno, ese mismo que sigue bajo control de las mismas familias que han gobernado por cerca de 200 años.

Es tiempo de castigar la mezquindad, de castigar la ineptitud, la falta de sentido de pertenencia y la histórica traición a la patria, hoy un ciudadano consciente debe ver que estas familias tradicionales no pueden seguir en el poder, no pueden seguir gobernando y deben pagar por sus crímenes de Estado, crímenes sociales y de sociedad.

En esta situación, cualquier candidato que represente a las familias tradicionales, que de una u otra manera sea representación del stablishment, que continúe con las mismas políticas nocivas para el territorio y para la población, independiente de su color político, su estilo, su apellido o sus intenciones, no puede ser el próximo presidente de la nación neogranadina de Colombia.

No podemos caer en el juego de creer que nos vamos a convertir en la copia de un país determinado o que nos vamos a volver comunistas o la estupidez de que seremos dominados por el inexistente ‘castrochavismo’ si elegimos a ciertos candidatos, por si no lo saben, nuestra situación es precaria, insostenible e impresentable, gracias al ‘santanderismo’, del cual nadie habla, somos un país inmensamente rico, pero paradójicamente somos el segundo país más desigual de América Latina y el sexto del mundo, -yo creería que somos el tercero más desigual del mundo-, las riquezas están concentradas en menos de 3000 personas que desde siempre, han tenido al gobierno trabajando para ellos, no para los 47 millones 997 mil, muchas de nuestras riquezas se van para el exterior, para los bolsillos de otros y en el país se quedan los problemas, la contaminación, los huecos y los desiertos, para el gobierno el resto no contamos como personas, sólo como números, al gobierno no le interesa que pasa con los ciudadanos, sus problemas y necesidades, el ciudadano cuenta en elecciones para que quienes gobiernan, se puedan legitimar o reelegir, para pagar altos impuestos, validar sus insólitas y nefastas leyes o para enlistarse en el ejército en servicio de defender a los oligarcas de este país.

No es posible que las cosas sigan así de esa manera, cada vez que salgo a la calle veo la horrible realidad: drogadictos, ladrones, niños y niñas prostituyéndose, delincuencia, personas muriendo de hambre, otros muriendo por falta de atención médica, entre otros, no son pocos, son muchos y están ahí, pero según los medios estamos en una ‘democracia’ y aquí no pasa nada todo se ve muy bien, se toman el descaro de hablar de otros países mientras los niños en la Guajira siguen muriendo de hambre, porque las multinacionales mineras han tomado el agua de esas zonas para envenenarla con sus desechos y de paso acabar con nuestras comunidades.

Los recursos públicos se los roban a diario, se roban las empresas estatales, esas mismas familias tradicionales, se roban el futuro de los niños y de la gente, y luego dicen a través de sus medios de comunicación que la nación neogranadina de Colombia es ‘el país más feliz del mundo’, y que los vecinos tienen dictaduras y cuanta pendejada se les ocurre para tapar sus atrocidades. En política no me gusta decir poemas, decir palabras bonitas ni recitar cantos de alabanza, la realidad es la realidad y si hay que hacer la paz, se hace la paz, pero si toca hacer la guerra, se hace lo que se tenga que hacer para preservar la integridad de los ciudadanos de bien.

Hoy, mi invitación no es a votar por un candidato en particular, mi candidato a la presidencia es aquel que reúna todo lo que no represente a las familias tradicionales, lo que no represente al gobierno, lo que no represente a la corrupta fuerza pública, lo que no represente a los gremios económicos y lo que no sea la sectarea política tradicional. Mi voto es de protesta, porque no podemos seguir con lo mismo, esto debe tener un cambio concreto y la forma en que podemos hacerlo es primero evaluar, que han hecho por el país cada uno de los candidatos que hay y quiénes son sus padrinos políticos, que cuentas pendientes tienen con la sociedad y la justicia, segundo examinar detalladamente cuáles son los méritos que han hecho para aspirar a la presidencia y si tienen realmente capacidad para dirigir, y si con estos dos aspectos no se encuentran cosas que valgan la pena, que hayan causado un impacto positivo, o si por el contrario lo que ha hecho ha sido malo o nocivo, tienen padrinos delincuentes o inclusive, sea ampliamente cuestionado o denunciado por sus prácticas, ahí tienen la respuesta: no sirve, independiente de quien sea, hay que hacer a un lado los fanatismos, ese personaje no le conviene al país, no le conviene a la paz y no le conviene a nadie. Si queremos un cambio, debemos iniciarlo con una persona totalmente diferente en el poder, porque la publicidad engañosa y las palabras bonitas pueden con todo, necesitamos tomar otro camino, uno que nos lleve a otra cosa y nos saque de este atolladero, soy partidario de la paz, de la reconciliación, de las prácticas pacifistas, pero también soy consciente que los cambios no se hacen con agua de rosas, soy partidario del orden, de la justicia y la soberanía, y si hay que combatir con fuerza a los enemigos de la paz, de los cambios reales y de la estabilidad del país, hay que enfrentarlos, derrotarlos y neutralizarlos, no hay otra forma para hacer razonar a quien no razona y actúa de manera inconsciente.

El Libertador Bolívar no liberó en su momento nuestros territorios con agua de rosas, poesías o cantos de alabanza, tuvo que tomar las armas para forzar la dimisión de la corona española, si los caminos de la paz no son suficientes, la fuerza pública deberá asumir por primera vez su rol en la defensa del bien público, del bien social y de los ciudadanos de bien y neutralizar completamente la amenaza de la delincuencia, la intolerancia, la mezquindad y el individualismo, sin caer en la trampa de la guerra.

Es hora de ponerle autoridad a las cosas, de llamar a cada quien por su nombre y de hacer trizas a los enemigos de la paz, sus aliados y sus intereses.

Mi voto es de protesta, mi voto es por una oportunidad de cambio de verdad.

Atentamente, su Constituyente Andino Alexander Ferms, hijo de la Patria Grande y orgullosamente descendiente legionario británico de la independencia.

lunes, 7 de agosto de 2017

7 de agosto de 1819: La verdadera independencia


Por: Alexander Ferms.

El día de la gran victoria y la verdadera independencia esperarían por un encuentro militar de suma importancia en el puente de Boyacá el 7 de agosto de 1819, donde un ejército de valientes campesinos, criollos, mestizos, mulatos, zambos, negros e indígenas armados de gran y heroico valor, con el apoyo y experiencia militar de los legionarios británicos al servicio de la subversión patriótica y bajo el mando de nuestro Libertador Simón Bolívar, tomaron las armas enfrentando a un ejército realista experimentado con un poderoso armamento y un número considerable de efectivos que superaban ampliamente por cientos a los grandes héroes revolucionarios de la época, quienes hicieron posible el sueño de la libertad, de la expulsión total y definitiva de los tiranos invasores españoles, que durante su permanencia de más de tres siglos como imperio en el territorio, saquearon las riquezas, expropiaron, asesinaron, esclavizaron, torturaron y exterminaron a millones de nativos en lo que hoy conocemos como “Colombia”, así como a lo largo y ancho de todo el territorio americano, sumando en más de 100 millones las victimas del más grande genocidio que se haya conocido en la historia de la humanidad.

Rostro digitalizado de Bolívar en Venezuela 2012

Esta batalla fue en sí misma, una Declaratoria de Independencia abierta, clara y contundente, una manifestación directa del pueblo americano de la Nueva Granada en un rechazo tajante a la Corona y un acto de separación total y definitiva de España, quienes tuvieron que aceptar la aplastante derrota y dimitir en sus intenciones de seguir dominando y controlando directamente el territorio americano.

Es importante resaltar que en el momento más importante de la historia de la nación neogranadina de Colombia, el 7 de agosto de 1819, los campesinos, criollos, mestizos, mulatos, zambos, negros, indígenas, jóvenes y niños del pueblo fueron quienes asumieron esta gran responsabilidad histórica, no fueron las nacientes familias oligarcas ni comerciantes reconocidos o señores de la alta clase criolla que participaron directamente de esta importante batalla, fue el pueblo campesino y nativo, que no tenía experiencia en guerra, pero que compensaban su esfuerzo con un gran deseo de libertad, coraje y empuje, apoyados en la jerarquía, el valor y la moral británica de estos gigantes veteranos de las guerras napoléonicas, reuniendo la fuerza y la valentía necesaria para vencer a los españoles, quienes con una diferencia notable en armas y en número, en un aproximado de más de tres mil novecientos soldados realistas, quedaron perplejos al presenciar tal acto de valor y de coraje campesino, donde no tuvieron más remedio que huir finalmente como cobardes ante la actitud bravía del pueblo americano, quienes avanzaron con determinación y sed de libertad, para morir o vencer, en un momento sin precedentes en la historia americana.

Un día como hoy debe recordarse con honor y reconocimiento a los valientes soldados insurgentes patriotas, que nos han regalado uno de los bienes más preciados: la libertad. Honor y gloria a esos campesinos, criollos, mestizos, mulatos, zambos, negros, indígenas, jóvenes, niños y valientes extranjeros británicos que dieron su vida por el nacimiento de una patria libre y abrieron el camino hacia la Patria Grande, haciendo su entrada triunfal con la representación del Libertador Simón Bolívar en Santa Fe el 10 de agosto de 1819, siendo recibidos con las notas del auténtico himno nacional: La Marcha Libertadora.

Hoy celebramos con júbilo, entre las notas de la Marcha Libertadora, el nacimiento de la nación neogranadina, el día de la verdadera independencia, el día en que nuestro Libertador Simón Bolívar acudió a la cita con la historia para expulsar al tirano y sellar el acto definitivo: a partir del 7 de agosto somos un territorio libre y rechazamos cualquier tipo de autoridad que no sea emanada de nosotros mismos, ese fue el mensaje y la acción efectuada.

En nuestro tiempo, hay que volver a rememorar los hechos que dieron origen a nuestra libertad y dar el lugar histórico a quienes lo merecen, es tiempo de no seguir con el juego de las clases oligarcas colombianas, quienes intentan borrar de la historia e invisibilizar a nuestros próceres, de demeritar la participación de nuestros campesinos y del pueblo indígena, mulato, mestizo, negro, zambo y criollo quienes hicieron parte de la independencia, es hora de revivir nuestros verdaderos símbolos y traerlos de vuelta, de rescatar nuestros antepasados heroicos, nuestra ascendencia y hacerlos respetar, es tiempo de ponernos serios con quienes tomaron el control de esta nación haciendo las veces de nueva monarquía para hacerse con el mando y devolverle poderes a España, y negociando nuestros recursos y futuro recientemente a Estados Unidos.

Ahora nuestros verdugos no son directamente los integrantes de la Corona Española, son aquellos que han traicionado la voluntad de integración y libertad, aquellos que representados en las familias tradicionales han vendido nuestro futuro a otros imperios, a otros intereses distintos a los de una nación libre, autónoma y soberana, apoyados por sus indolentes servidores, así como los millones de indiferentes que no hacen nada por conocer su historia y conmemorar el legado de Bolívar, se conforman con lo poco que ven u oyen en los medios de desinformación, con lo mínimo que ganan y con el hecho de poder sobrevivir, así sea de manera miserable.

Debemos recordar, que quienes pelearon en la batalla de Boyacá son nuestros antecesores, y hay que honrar su memoria de la mejor forma: con valor, coraje y dignidad, así como ellos lo hicieron al enfrentar a los realistas, siempre pensando en un futuro mejor, no tenían nada que perder, mucho por ganar, vencer para ser libre o morir para no ser esclavo, hoy tenemos el mismo dilema pero en otras dimensiones, con otras proporciones y a otra escala. Hoy nuestros enemigos no son los mismos de hace más de 300 años, hoy debemos discernir entre lo que es real y lo que no, lo que es verdad y lo que es mentira, es hora de abrir los ojos, la mente y el corazón, ver la realidad, nuestra propia realidad, nuestros propios problemas, porque NO SOMOS LA TIERRA DE COLÓN, debemos analizar con detenimiento el esfuerzo que actualmente millones de hermanos realizan al defender su historia, sus raíces, su libertad, porque una vez más el Bravo Pueblo es ejemplo para todos nosotros, tras recuperar un gran legado de integración, que es nuestro también. No olvidemos quien es nuestro Libertador y quienes nos vinieron a apoyar, no olviden de dónde vinieron y cuál es su nacionalidad, ellos hicieron posible el nacimiento de una patria, el sueño de una Patria Grande y de una gran nación para todos nosotros sin excepción en el continente americano. Somos una gran nación y debemos pensar como tal, porque la Patria Grande está más viva que nunca y en cada hermano hijo de Bolívar nunca ha dejado de existir.

Honor y gloria a nuestro gran Libertador Simón Bolívar, a los mandos militares patriotas, Generales Francisco de Paula Santander, José Antonio Anzoátegui y Carlos Soublette, Coroneles Juan José Rondón, Joaquín París Ricaurte y Antonio Obando, Capitán Andrés Ibarra, Guía José María Ruiz, soldados Pedro Pascasio Martínez, Negro José, fray Ignacio Díaz y todos los demás heroicos soldados criollos, mestizos, mulatos, zambos, negros e indígenas patriotas no reconocidos, a los legionarios británicos Coroneles J. Rooke, Meceroni, G. McCaustland, W.A. Ferms, D.F. O’Leary y los demás héroes que los historiadores de las familias oligarcas colombianas han invisibilizado durante todo este tiempo.

Atentamente, su Constituyente Andino Alexander Ferms, hijo de la Patria Grande y orgullosamente descendiente legionario británico de la independencia.

jueves, 20 de julio de 2017

El 20 de Julio: Un día común y corriente.

El 20 de julio de 1810 no tiene una relevancia histórica significativa, es un día común y corriente que tuvo un suceso emancipatorio de reclamo social de una clase emergente, lo que no significa que haya existido algún tipo de independencia o declaración de independencia como tal, lo que sucedió fue un levantamiento incipiente de las nacientes clases oligarcas que reclamaban su reconocimiento social ante la corona española, en ningún momento hubo intención de formar o fundar una república, ni de desconocer a un rey preso por la Francia de Napoléon, por el contrario, siguieron reconociendo su soberanía sobre nuestros territorios y lamentaron su encarcelamiento. 

El hecho de inestabilidad política en la corona española, es aprovechado por los personajes criollos, no reconocidos por la sociedad española, para sustituir provisionalmente la representación del rey preso por medio de una Junta de Gobierno, un acto que no desconoció el mandato del rey preso y menos declaró la separación total y definitiva de la tirana corona española. La creación de la Junta no fue más que un elemento de persuasión para llamar la atención y demostrar que la nueva aristocracia criolla tenía derechos políticos así como los españoles peninsulares, no es otra cosa diferente, el incremento en los impuestos sólo fue un pretexto para hacer valer su condición, porque el objetivo principal de la clase emergente era la búsqueda del reconocimiento social frente a los otros españoles como iguales. Así que es tiempo de ir revelando la verdad, para que no se engañe a la gente con esa gran mentira. Los invito a leer la famosa "acta de independencia del 20 de julio", allí dice explícitamente lo que acabo de explicar, así que no hay motivo alguno para izar banderas el día de hoy, es más, no existía en ese momento una bandera representativa que simbolizara el deseo de una nueva república. 

Ahora, la independencia auténtica se configura el 7 de agosto de 1819, donde ese día, nuestro emérito Libertador Simón Bolívar, junto a su ejército patriota y el apoyo de la legión británica expulsaron a los españoles en una victoria épica, sin precedentes en nuestra historia americana, y luego el 10 de agosto del mismo año entraron triunfantes a la plaza central de Santa Fe, donde fueron recibidos como héroes con las notas del Auténtico Himno Nacional: La Marcha Libertadora. No es correcto seguir el discurso mediático superficial, arribista y antibolivariano; intentar borrar la historia y el papel de sus grandes protagonistas es un crimen atroz contra nuestras raíces y el esfuerzo inconmensurable de miles de seres humanos que murieron en las batallas de independencia y de los millones y millones de hermanos indígenas que fueron masacrados, expropiados y literalmente asesinados durante cerca de 300 años de explotación e ignominia, no se puede ignorar ni mucho menos, la heroica victoria militar de Bolívar y su ejército de campesinos patriotas motivados por extranjeros británicos. 

Nuestra historia debe ser contada con criterio analítico, sin omisiones sobre nuestros antepasados y menos con distinciones a personajes que no lo merecen, el 20 de julio no es una fecha de rupturas políticas definitivas, es una fecha de reclamos de estatus social desde una clase emergente aristocrática hacia una clase monárquica, instigando su derecho a ser reconocidos como iguales; el inicio de la patria neogranadina lo hace nuestro Libertador Bolívar y el paso a nuestra patria grande se construye en Guyana.

El llamado es a celebrar las auténticas fechas representativas para nuestra historia y dar el lugar de honor que merecen nuestros próceres de la patria grande.

Atentamente, su Constituyente Andino Alexander Ferms, hijo de la patria grande y orgullosamente descendiente legionario británico de la independencia.

martes, 4 de julio de 2017

Alexander Ferms: 5 años de labor social como Constituyente Andino

Por: Alexander Ferms

Campaña Orgullo UN, junio de 2012

En mayo de 2017, se cumplieron 5 años de la representación internacional que ejercí como Constituyente Andino por Colombia en la III Cumbre Social Andina de 2012, realizada por el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), el Instituto de Altos Estudios Legislativos del Parlamento Andino (IDL), el Parlamento Andino y la Unión Europea, efectuada en el Congreso de la República de Colombia y el Parlamento Andino. Luego de esa maravillosa experiencia es satisfactorio y bastante significativo observar los resultados obtenidos en materia de movilidad académica y estudiantil, donde se puede evidenciar que la gestión realizada con la Constitución Andina de 2012 y el impulso de la normatividad internacional desde el Parlamento Andino es eficaz, a un ritmo constante y que ha significado en la actualidad la movilidad académica y estudiantil de más de 50 mil estudiantes, docentes e investigadores de diferentes universidades de los países de la comunidad andina (Colombia, Ecuador, Chile, Bolivia y Perú), que se han beneficiado de la política internacional; adicionalmente a éstos, se suman nuevos beneficiarios resultantes gracias a que la Constitución Andina ha servido de base normativa para diferentes tratados, programas y alianzas, como el programa Alfa Puentes de la Unión Europea (con cobertura en América Latina) y la AP (Alianza del Pacífico), que integra a México, Colombia, Perú y Chile, y donde se han beneficiado cerca de 200 mil nuevos académicos, sumando en un aproximado de 250 mil universitarios de América Latina, sin contar los cursos cortos, de verano o estadías internacionales con países de la Unión Europea, que suman más de medio millón de estudiantes, a través de la participación e integración de distintas instituciones o centros de formación académica del continente; principal reto que se gestó como constituyente andino desde la mesa No 5 en el tema de educación y que fue una de las banderas principales en el rol como representante social internacional y Presidente F.D. de la Organización Mundial de Estudiantes (OME), logrando realizarse una jornada memorable en la defensa y exaltación del derecho a la educación en la comunidad andina, reafirmando además toda la labor internacional de años anteriores con la Constitución Estudiantil Mundial, el Ideario Estudiantil y los Principios Generales para los estudiantes del mundo desde el año 2009.

En 2012, aun siendo estudiante universitario, se me permitió interceder por la integración americana y latinoamericana desde el ámbito académico con los estudiantes, un trabajo que ha servido como puente fundamental hacia un proceso de integración continental, que de seguir desarrollándose podrá contar con un gran potencial de millones de futuros profesionales, científicos e investigadores en nuestra zona continental para la construcción de una poderosa región de más de 700 millones de personas.

Esta representación Ad Honorem, ha dejado muchas satisfacciones y enseñanzas en lo personal, en el desarrollo académico y social en esta primera mitad, aunque contrario a lo que muchos piensan o han manifestado por redes sociales, aquí en la nación neogranadina de Colombia no hay reconocimiento alguno para esta labor, primero porque no he sido un vocero directo de ningún partido político y segundo porque nunca utilicé mi representación para provecho personal, como si lo han hecho otros ex líderes estudiantiles en cargos públicos o en el mismo congreso de la República, y que hoy por hoy se les olvidó de dónde salieron, no he tenido remuneración de ninguna clase, ni económica ni laboralmente, no tengo sueldo ni cargo de congresista, -sería estupendo tenerlo-, representación que si han logrado otros constituyentes de los países progresistas, donde si les han reconocido con creces su representación internacional; mi labor ha ido más allá de las fronteras de Colombia, aunque no es fácil defender los derechos sociales, fundamentales y colectivos, menos en este país, donde no he contado con apoyo de ninguna índole pero si una inmensa responsabilidad, que se ha tratado de llevar de la mejor manera posible, -inclusive trabajando como independiente-, en condiciones difíciles y soportando las inclemencias del sistema como cualquier persona del común, pese a que en algunos escenarios vale la representación para el país, -cuando le conviene al gobierno-, sin embargo la tarea se ha venido realizando, con las adversidades y limitaciones que surgen al tratar de realizar una tarea de esta magnitud en un estado-fallido como Colombia, seguimos adelante sin desfallecer y siempre buscando hacer la diferencia por los pueblos de América.

Actualmente sigo realizando las recomendaciones internacionales para los estudiantes de movilidad académica y estudiantil de diferentes instituciones educativas y lugares del continente, porque la comunidad andina se me expandió a medio continente en un par de años, lo importante es que los espacios que se han ido abriendo con esta gestión sean bien aprovechados para seguir cultivando la semilla de la integración continental en América.

Un saludo fraterno de su constituyente andino por Colombia y Presidente de la Organización Mundial de Estudiantes (OME) para todos los estudiantes y recuerden, no estamos aquí sólo para los 45 millones de personas de la nación neogranadina de Colombia, estamos firmes y haciendo la diferencia por los más de 700 millones de seres humanos de nuestros pueblos de América!

viernes, 30 de junio de 2017

Las consecuencias de vivir en un estado-fallido y la legitimación de sus acciones

Por: Alexander Ferms

Para la gran mayoría de los habitantes y ciudadanos de la nación neogranadina de Colombia, se tiene la idea o el imaginario de que hacemos parte de un estado configurado, consolidado y constituido,-o por lo menos eso es lo que nos hacen creer los medios de comunicación y el mismo gobierno-, además de que existe una relativa “estabilidad” en todos los aspectos de administración en temas sociales, culturales, económicos, políticos y ambientales, que son en suma, temas de obligatorio cumplimiento por parte del gobierno. 

Bandera de Miranda al revés (nación neogranadina de Colombia)

Desde que se configuró la nación neogranadina como República de Colombia en 1886, muchos de los problemas estructurales, de gobernabilidad y de consolidación estatal no fueron subsanados con el centralismo absolutista, la sumisión a la Iglesia católica y los vecinos del norte, -antes por el contrario-, se fueron profundizando con el tiempo, en la no cobertura y pérdida de territorio, en la inoperancia y paquidermismo del centralismo en todos los ámbitos administrativos, sociales y económicos, pero sobre todo en la legitimidad y la legitimación de acciones, donde no todos los habitantes eran ciudadanos y no todos los ciudadanos tenían conciencia de sus acciones. Es importante entonces, hacer diferencias claras, hasta la nueva constitución de 1991, todos éramos habitantes y eso no ha cambiado incluso después de 1991, simplemente se agregó la figura legalizada de ciudadanía, que otorga unos derechos y unos deberes, entre ellos elegir y ser elegido, ejercer plenamente los derechos y exigir al gobierno el cumplimiento de sus obligaciones, sin embargo no todos los habitantes que ahora son ciudadanos por cédula lo son, siguen siendo habitantes, porque no tendrán oportunidad de que el gobierno cumpla con sus necesidades básicas y tampoco serán incluidos en las tomas de decisiones importantes para el país, eso está reservado para un sector que además de ser ciudadano por cédula, tiene un elemento diferenciador y es que son ciudadanos por herencia tradicional, es decir, los que se reservan el derecho de ser elegidos y de perpetuarse en el “poder” que los demás habitantes les han cedido, por desconocimiento o por falta de participación.

Bien, ahora después de diferenciar entre habitante y ciudadano, es preciso entrar en materia sobre las acciones que los ciudadanos por cédula y los ciudadanos por herencia han efectuado en la nación neogranadina de Colombia.

Los ciudadanos por cédula, que en mayoría desconocen su rol en el territorio, dependen de las decisiones que tome el gobierno del estado-fallido, que es dirigido por los ciudadanos por herencia, quienes en su gran mayoría desconocen el país, sus necesidades y hasta su propio territorio, desconocen las realidades subjetivas y homogenizan todos los aspectos relacionados con calidad de vida y legitimidad, -según conveniencia-, tomando decisiones que incluso han sido nefastas para el territorio y por supuesto, de quienes lo habitan.

Después de lo anterior, es preciso hablar entonces de la participación de los ciudadanos por cédula; revisando las elecciones históricas que han servido de plataforma legitimatoria para los ciudadanos por tradición, éstas nunca han logrado una mayoría de participación en ninguna época, no se ha obtenido un umbral de por lo menos un 60% de la población, que sería un escenario más aceptable.

Bien, ahora las acciones que los diferentes gobiernos han efectuado sobre la administración del país no son diferenciables, no se han proyectado como un elemento coercitivo que impulse el desarrollo y la integración de los habitantes, el enfoque ha sido muy precario, inocuo, inoperante y hasta insignificante, ante el valor que tiene el territorio como tal, por lo que las consecuencias de vivir en un estado-fallido amparado por un régimen burocrático y otro internacional, son catastróficas para el avance y el progreso de una sociedad entera.

Lo anterior nos indica que, existen fuertes razones que detallan la inestabilidad de vivir en un estado-fallido, y que se perciben a simple vista en cada ciudad o poblado, y que son expresadas en los precarios índices de calidad de vida, equidad, educación, producción científica e industrial, distribución de la riqueza, altos índices de corrupción política, concesión de recursos naturales propios, así como importantes extensiones de tierras a multinacionales extranjeras y violaciones sistemáticas a los derechos humanos de parte de la fuerza pública, -no solo en la época de conflicto-, la confianza ciudadana en el aparato gubernamental está seriamente fracturada, porque la acción gubernamental se ha limitado en un gran porcentaje sólo a imponer modelos inadecuados, normas, impuestos, sanciones con rasero y hasta ridículos trámites que hacen ver su inoperancia e ineficiencia desde el nivel central, generando un ambiente de inseguridad social y civil, que se transmite a los diferentes escenarios en el ámbito cotidiano, desde la escases de oportunidades para proyectar procesos sociales, industriales, económicos, que evidencian un atraso múltiple en todos los aspectos como nación; sin embargo los escenarios básicos de crecimiento están lejos de ser concebidos por la política sectaria y corrupta que impera, que en vez de favorecer procesos internos de desarrollo, lo que hace es facilitar procesos extranjeros de control internacional y de no proliferación de los caminos progresistas, para que el Estado tenga control de su territorio, de sus problemas y les dé solución adecuada en el tiempo, sin intromisión de terceros países. Así como las acciones gubernamentales han sido policivas e inoperantes para beneficio real del país, los ciudadanos por cédula siguen sin reaccionar, a pesar de que les recortan derechos, servicios y reducen sus expectativas de vida digna, les quitan sus recursos y les hipotecan su futuro. Ejemplo de lo anterior es la mercantilización de la salud, la educación y hasta el derecho a pensar libremente.

Es por lo anterior, que el proceso de legitimación tiene tanta o suma importancia, porque así los ciudadanos por cédula no ejerzan ninguna acción para exigir que el gobierno cumpla con sus obligaciones, tampoco hacen nada, si por otro lado siguen participando electoreramente en elegir a los mismos ciudadanos por herencia, farándula o pantalla mediática, es decir, la situación en poco o nada va a cambiar, porque con esta simple acción de acudir a votar por un personaje determinado que no realiza ninguna acción en favor de la comunidad, la ciudad, el departamento o el país, se legitima de cierta forma a ese personaje y le otorga un poder que no debería corresponderle, lo que le da licencia para tomar decisiones por todo un territorio, que en la mayoría de las veces no satisfacen las necesidades de sus habitantes y tampoco las realidades que exige el entorno y el país, por lo que sigue configurándose como estado-fallido, y que no puede responder a los fenómenos de nación, que son los que determinan la estructura de un país en consolidación, es decir, un estado sólido y que responde ante las demandas sociales, protege a su población y cubre en un alto porcentaje sus necesidades; ahora, un nombre sin contexto, una bandera, un escudo, un himno o una selección de fútbol no hacen a un país, y menos si estos no corresponden con el territorio, con su historia ancestral o con la identidad concreta de sus habitantes.

Seguir habilitando las acciones de gobierno que han ido históricamente en contravía del bienestar de los habitantes no es sano, hacen parte de una sociedad enferma, cegada o altamente alienada, que se flagela así misma y que no tiene criterio alguno, es por tanto que no es lógico que por un lado se hable de paz, post acuerdo y post conflicto, y que por otro lado los ciudadanos por cédula que poseen algo de raciocinio social y político, tengan que realizar marchas o manifestaciones sociales para exigir sus derechos y luego sentarse con los representantes del estado-fallido, -que muchos de ellos han elegido en su pantomima democrática- para pedir que les “hagan el favor de cumplir sus derechos”, para que les suban sus sueldos, para que firmen un “acuerdo o pliego de peticiones”, lo que se reduce a pedir limosnas literalmente, y es por esa situación que definitivamente no podremos disfrutar de una “paz estable y duradera”, puesto que ante el orgullo inútil y estúpido de aparentar y de decir que estamos mejor que otros países vecinos, la grave crisis social, económica, política y territorial se agudiza ante el silencio cómplice de los mismos ciudadanos por cédula, -que no hacen nada-, por exigir plenamente los derechos, de impulsar reformas definitivas o de cambiar la estructura de gobierno, -o incluso de país-, porque lo que no ha servido o no sirve se cambia, como si se ha hecho en otros países del vecindario, donde se ha aplicado el proverbio inglés: “donde hay voluntad, hay camino”.

En otras palabras, lo que ha sucedido históricamente en el país justifica por desgracia la presencia de nuevos grupos irregulares, que por uno u otro motivo ahora están ocupando las antiguas zonas controladas por la guerrilla de las FARC – EP, porque el gobierno de la nación neogranadina de Colombia no es capaz de cubrir esos territorios, no es capaz de llegar a ellos de ninguna forma, ni social, ni administrativa ni militarmente.

Ese es el resultado de un proceso de estado-nación que inició con vicios, negando y desdeñando de sus próceres auténticos, y apelando a una sustitución de alcurnias pestilentes que tienen a este país en una realidad virtual aumentada o la gran mentira social. Las consecuencias de vivir en un estado-fallido se derivan en no tener condiciones de vida digna, desigualdad e inequidad en todos los niveles por desempleo, falta de oportunidades reales, educación de calidad y proyectos de vida, que llevan como consecuencia inevitable el desarrollo de escenarios de violencia y de no poseer condiciones para llegar a tener la tan anhelada paz estable y duradera.

lunes, 19 de junio de 2017

El post acuerdo y la jugada electorera para 2018

Por Alexander Ferms

La nación neogranadina de Colombia apenas inicia su primer etapa de varias, -que aún no se saben cuántas son o serán-, de post acuerdo con la guerrilla de las FARC – EP, quienes completan un porcentaje importante en la entrega de armamento a las Naciones Unidas y un cumplimiento virtual del cronograma general acordado con el gobierno de la República de Colombia, sin embargo existen serios vacíos institucionales con el proceso, que de no ser llenados por una figura de legitimidad y legalidad a través de órganos de control, monitoreo y verificación externos, -ya sean impulsados por el mismo gobierno o por agentes internacionales- no habrán elementos de juicio que valoren y blinden la autenticidad del proceso en aras de lograr lo que la publicidad institucional llama “la paz estable y duradera”, que es a mi juicio el elemento central de estabilidad social y política para la nación neogranadina, si por fin se logra encaminar en la ruta del progreso y desarrollo social desde el cumplimiento de los acuerdos, que simplemente son un llamado a retomar la Carta Constitucional de 1991 haciendo adicionalmente un llamado a autonomía y soberanía regional en la consolidación de un Estado Social de Derecho por primera vez.

Foto: Radio Suramericana

Es importante establecer, por lo tanto, las diferencias notables entre acuerdo, post acuerdo, conflicto y post conflicto. Si bien iniciamos este escrito hablando del cumplimiento de las partes, es claro que al gobierno de la nación neogranadina le está quedando “grande” este proceso, a simple vista son más los incumplimientos del mismo gobierno en el tema de condiciones básicas y dignas para las personas que iniciaron su transición a la vida civil, como soldados de un ejército revolucionario y beligerante, quienes disputaron por más de 50 años el control de los diferentes poderes y el territorio a la república neogranadina y su ejército legalizado; ahora, es más la responsabilidad del gobierno en cumplirle a la ciudadanía y a la comunidad internacional, en dejar una buena sensación e imagen a la opinión pública, -no sólo ante los medios locales-, sino en el cumplimiento real de los acuerdos sin trampas o esguinces jurídicos, por lo que no se debe dejar toda la responsabilidad de la revisión del proceso a las Naciones Unidas, no es suficiente que ellos sigan con las labores en el Mecanismo de Verificación y Monitoreo, deben existir otros actores dentro de ese mecanismo que intervengan y realicen seguimiento, estadísticas y una observancia sobre el cumplimiento de los acuerdos en todos los aspectos y desde todos los posibles escenarios.

El acuerdo es claro, es una reivindicación de la Carta Constitucional de 1991, y a todas luces, quienes digan lo contrario, es mejor que lean la carta original de 1991 sin reformas, y luego lean los puntos del acuerdo, donde además se incluyen reivindicaciones sociales expresadas desde mucho antes de que se conformaran las guerrillas, incluso, desde los primeros reclamos sociales por la equidad en la distribución de las tierras para mejorar las condiciones de vida de miles de personas a comienzos del siglo XX.

Ahora, ya se hizo y se firmó el acuerdo, con el apoyo de muchos y la oposición de otros, ya se dio ese primer paso, luego sigue el post acuerdo, que muchos llaman por error, por desconocimiento o por conveniencia social o política el “post conflicto”, -aunque en ciertos escenarios es mejor llamarlo así-, para que sepamos de una buena vez por todas que esto va en serio, por primera vez en este país algo se hará en serio.

Bien, el post acuerdo es lo que comenzó inmediatamente después de la firma entre las partes, -el gobierno del estado-fallido y el ejército insurgente del grupo revolucionario-, quienes tenían en disputa el control de los poderes y el territorio, ahora, como no hubo vencedores militarmente hablando, lo que se viene es el cumplimiento de las partes, de esos acuerdos que tienen que tener un seguimiento riguroso, ojalá fuera de dos o tres actores verificadores adicionales, puesto que estamos en la nación neogranadina de Colombia y cualquier cosa puede pasar en la mal llamada “Tierra de Colón”. 

Este post acuerdo, tiene un problema grande o limitante dentro del análisis en lo político, y es que tiene fechas para cosas importantes, y no tiene fechas para otras, es decir, aquí no sabemos a ciencia cierta cómo se administrarán las garantías desde el gobierno, -que históricamente ha demostrado ser tramposo y poco confiable-, porque siempre ha tomado pésimas decisiones que han perjudicado la soberanía y han comprometido el territorio, y que no dan certeza de que efectivamente van a cumplir “por lo menos” con un porcentaje estimado de la mayoría de las cosas a las que se comprometieron en esas más de 300 páginas en el acuerdo con el grupo beligerante rebelde. Este escenario tiene un peligro latente, en el análisis desde lo militar hay un gran riesgo, y es que si el gobierno del estado-fallido a través del ejército legalizado no ocupa los lugares de influencia de las antiguos insurgentes y las instituciones legalizadas no empiezan a consolidar los derechos sociales y fundamentales de las personas, se formarán nuevos grupos, -entre otros no beligerantes-, que captaran a las personas sin oportunidades, sin empleo, sin salud, sin vivienda, en fin, sin futuro, y los enrolaran a sus filas, como ya está sucediendo, incrementando el problema social sin generar condiciones de oportunidades de desarrollo y crecimiento como país. Es decir, seguiremos con problemas de orden público, pero con actores armados diferentes, lo que ratificará la permanencia del estado-fallido.

Después de lo anterior, hablaremos del término “conflicto”, para los que no conocen del tema, en la nación neogranadina de Colombia vivimos bajo el fenómeno denominado como “guerra de baja intensidad”, que en términos militares y según un estándar que se inventaron los amigos del norte de América con otros personajes de Europa después de la guerra del Vietnam, se diferencian este tipo de conflictos de otros porque según ellos, se desarrollan en los países del mal llamado “Tercer Mundo” y que se presentan en un caso sencillo entre un estado-fallido y un ejército insurgente, -por ejemplo en el caso del gobierno de la República de Colombia vs FARC – EP-, como resultado a los vejámenes sociales, problemáticas de desigualdad e inequidad que aseguran un escenario ideal para la conformación de ejércitos revolucionarios en respuesta a los gobiernos que no brindan o no tienen la capacidad de garantizar mínimamente los derechos fundamentales a la población.

Luego sigue el post conflicto, tal vez es el único escenario que no tiene fechas ni períodos de vencimiento, el más volátil e incierto panorama que pueda existir, porque no se sabe que puede pasar después con el orden público y menos con los territorios, si no se hacen bien las cosas. Hablo de esta forma porque como lo dije antes, en la mal llamada “Tierra de Colón” cualquier cosa puede suceder y nada raro que se pueda configurar un nuevo escenario bélico por la disputa de los poderes a la nación neogranadina, que si no ajusta su esquema de gobierno y sus estructuras sociales y políticas, caerá muy rápidamente en un nuevo conflicto, con otras condiciones y otras variables muy diferentes a la reivindicación de los derechos fundamentales a la población, más como producto de los fenómenos de narcotráfico, pandillismo o traquetismo, derivados de una mezcla de ignorancia, analfabetismo, incultura, desempleo, falta de oportunidades y la famosa “ley del mínimo esfuerzo”, que tanto les gusta a los sectores tradicionales que han gobernado a la nación neogranadina de Colombia.

Ahora, articulando este escenario general, primero desde el post acuerdo, con el panorama político y electorero para 2018, es hora de relacionar el contexto del presente escenario, qué pasará entonces con los recursos económicos por cooperación internacional para la paz, que en estos momentos están congelados, -por extrañas circunstancias-, y que no se han utilizado en los tiempos y gestiones que deberían ser hasta ahora; es más que una jugada política la reserva de estos recursos para usarlos en tiempos de campaña, algo que muchos de nosotros, en las mesas regionales y en otros escenarios internacionales, -donde me incluyo-, vimos con suma preocupación y señalamos como de especial importancia para la transparencia del proceso, sobre todo en el tiempo de que se presentara la llegada de ayudas económicas internacionales, y más aún, antes de períodos electorales cercanos, como se dio en estos momentos.

No es necesario ser vidente para observar que el tema de la cooperación internacional la iban a manejar con los criterios que mejor saben llevar los señores del gobierno de la nación neogranadina de Colombia: centralizados y monopolizados, así de entrada, no había intenciones de realizar desembolsos para otras actividades oficiales relacionadas directamente con la labor de post acuerdo, -menos para seguimiento-, no iban a hacerlo y no lo están haciendo, ni siquiera de una manera gradual, no existen órganos de control creados, no hay procesos de verificación auxiliares ni externos, -no hay dinero para eso “supuestamente”-, no hay observatorios de post acuerdo o post conflicto en las zonas de normalización, no hay nadie que haga una tarea de observancia humanitaria con análisis y con criterio investigativo, ni de cumplimiento ni de verificación adicional para reportar cifras, situaciones, irregularidades, sólo Naciones Unidas y el cuerpo en el mecanismo de monitoreo y verificación, nada más, bueno, entre otros actores políticos oportunistas o con ganas de protagonismo político que se tratan de asomar por esos lugares a ver que pueden “pescar”.

Ahora, todo apunta a que los recursos se utilizarán como un “seguro electorero”, en caja, que permitirá mover la bolsa de valores electoral y politiquera para quienes se perfilen como posibles sucesores de nuestro ilustre nobel de paz y que continúen o frenen el proceso que tantos esfuerzos, sangre, sudor y lágrimas de soldados de ambos bandos y de un mismo pueblo han padecido en el campo de batalla durante más de 50 años.

Tendremos dos opciones, o mejor dos candidatos seguros: el candidato del post acuerdo y el candidato de la mal llamada “nueva regeneración”, a eso estamos sometidos por desgracia, o bueno, si por primera vez despertamos y le damos la opción a alguien distinto, eso sí, no me refiero a los vendidos de la izquierda tradicional, los que hacen parte de las nuevas familias emergentes ni menos a los que mal han administrado las finanzas departamentales, municipales, ministeriales o nacionales o peor aún, han concesionado el país a multinacionales, han permitido la instalación de bases extranjeras o piensan que seguimos siendo un patio trasero, es poner a alguien verdaderamente diferente, que mire a este país como lo que es, una potencia, sería algo grandioso, por lo menos esperanzador. Sino, esperemos de nuevo sentados al frente de nuestros televisores como “los más felices del mundo” a que venga alguien de Venezuela y con un ejército extranjero a que arreglen esta vaina como ocurrió hace 198 años con la llegada de Simón Bolívar.

Hago un llamado para que no permitamos que esos, de las familias esas, sigan allá arriba mirando desde lo más alto, decidiendo por nosotros, a ver si les conviene que no estemos en conflicto o por el contrario, para mantener a los más miserables sin oportunidades ocupados empuñando un fusil en el ejército de uno de los dos bandos, para que no se ocupen de estudiar, de conocer las realidades o la historia de este país, porque sencillamente no tendrán “opción de vida” y es lo único seguro que podrán hacer, mientras que los del medio vivirán de apariencias y deudas con los bancos enriqueciendo a las familias tradicionales y las emergentes, quienes seguirían disfrutando de nuestros recursos, nuestras riquezas y haciendo trizas nuestro futuro como comunidad y país.