Por: Alexander
Ferms
Desde 1867 cuando
se inició el desastre nacional y luego se consolidó en 1886 con la constitución
retrógrada, se institucionaliza el fallido proyecto conservador y sumiso, que frustró
el proyecto progresista más importante del hemisferio: la potencia federal suramericana,
que fue nuestra, estuvo en nuestro territorio y que no supo ser interpretada
por los líderes de la época, excepto por Tomás Cipriano de Mosquera, quien sí luchó
por ella hasta el final.
Este prospecto de
potencia suramericana moderna tuvo tres nombres distintos: República de la
Nueva Granada, Confederación Granadina y Estados Unidos de Colombia (hasta 1867).
Luego de este
proyecto progresista, inicia el descalabro histórico, con la seguidilla de
gobiernos fallidos, comenzando por el terrorista de la época Santos Acosta,
quien dirigió el golpe de Estado contra Mosquera, frenando el proceso
integrador y de generación de intercambio comercial y producción industrial que
se estaba programando con la construcción de ferrocarriles y la modernización del
país, para comenzar a competir con los vecinos de la región, y, poder ver de
cerca y con pies de plomo a Estados Unidos, algo que no pudo suceder, gracias a
la corta visión y posición entreguista conservadora.
Rafael Núñez,
quien fue el artífice de la traición al proyecto liberal progresista radical, recibió
finalmente su premio en 1880 con la presidencia, pero no contento con esto,
apoyó en su segunda presidencia en 1886, la construcción de una de las
constituciones más nefastas que haya tenido el país, sino es la más nefasta de
todas las cartas políticas en la historia nacional, y lo peor, que tuvo
duración hasta 1991.
Fueron años desastrosos
para el país, la mal llamada “Regeneración” se convirtió décadas después en la “degeneración
nacional”, por todo lo que no tuvo que suceder, la pérdida de territorio, de
soberanía y autonomía, un entreguismo total a la naciente potencia del norte:
EEUU, donde no podemos olvidar, las desastrosas palabras del mal llamado presidente
Marco Fidel Suárez, quien calificó a Estados Unidos como la “Estrella Polar”,
que todos “supuestamente” debían seguir. Un momento muy desafortunado para lo
que algún día se visionó, y que fue desechado por unos cuantos miopes políticos
y militares, que han llevado a todo un país a soportar quizá, el periodo más
oscuro de su propia historia.
Hasta ahora,
nadie pensará que este editorial, tenga algo que ver con la falsa izquierda,
pero, ¿porqué debemos citar este pasaje histórico?, es muy simple, la falsa
izquierda ya existía desde esa época, leer y analizar la historia del desastre
nacional a partir de 1867 es leer los inicios modernos de los falsos patriotas,
de los falsos nacionalistas, del falso progresismo, en resumen, de la falsa izquierda
contemporánea.
Ese proyecto de
nación potencia, bolivariana por demás, y que defendió hasta el final Mosquera,
en su derrocamiento en 1867, es el mismo que hoy, los liberales progresistas,
seguimos defendiendo desde la modernidad, con todo y la resistencia que genera
en los sectores más rancios y putrefactos de nuestra sociedad.
Todo lo que
vivimos en la actualidad tiene un porqué, y son los inicios de la traición al
proyecto moderno que buscaba construir una nación de verdad, una que
respondiera por sus ciudadanos y velara por sus derechos, que se posicionara
como una potencia regional y que no tuviera que ceder ante las presiones
externas, sino, imponer condiciones y proteger a su gente.
Ahora, ¿qué tiene
que ver todo esto con la falsa izquierda en la nación neogranadina de Colombia?
Muy sencillo, la falsa izquierda surge de aquellos que posaron de progresistas,
de patriotas y nacionalistas, desde esa época de la historia, de aquellos que
se fueron acomodando según su conveniencia, caso Rafael Núñez, quien dio una
voltereta histórica, de ser liberal radical a pasar ser un conservador rancio,
y no es porque el término “izquierda” existiera en ese instante, se hablaba de
comunismo hasta que la Iglesia Católica se inventó el cuento de la Diestra de
Dios Padre, de que todo lo que estaba a ese lado era bueno, y lo que estaba al
otro lado era malo, obviamente ellos estaban a la Diestra; sin embargo, muchos
de los que se han mostrado en algún momento como comunistas, socialistas o
recientemente izquierdistas, no lo han sido, porque su forma de actuar y
proceder configura posteriormente el proceso de acomodo político, que termina
normalmente en traición.
Y todo esto se da
es porque los años siguientes fueron demostrando que el proyecto político que
se oficializó luego de la constitución de 1886, fue un rotundo fracaso, el
liberalismo no tuvo un exponente real, sólo hasta cuando apareció en escena
Jorge Eliécer Gaitán, quien pudo haber dado un rumbo diferente a este país,
pero que no contó con una base fuerte, que respaldara su proyecto político
progresista, que diera el verdadero lugar al ciudadano, que diera dignidad y un
nombre honorable y respetable a todo un país.
Luego de todo
esto, la oligarquía rancia, tuvo que admitir que Laureano Gómez, se convirtió
en un peligro para el país, y fue allí donde pusieron a un militar como
presidente, este es el caso de Gustavo Rojas Pinilla en 1953, quien realmente
no quería ser presidente, no le interesaba, no era su objetivo, pero, la oligarquía
insistió, a falta de un líder liberal o conservador que la gente siguiera, o
por lo menos respetara, optaron por convencer y casi obligar al general del
ejército, quien no tenía la más mínima intención ni de ser el jefe de Estado ni
mucho menos el jefe de Gobierno.
Ese militar, que
luego esas mismas oligarquías tacharon de “dictador”, fue el que luego de algo
más de 90 años después del terrible oscurantismo nacional, hizo algo realmente
útil por el país, obras que los oligarcas rancios no hicieron, como por
ejemplo, la creación del SENA, centro público y gratuito de formación técnica más
grande del país, la creación de los bancos públicos: el banco ganadero y el
banco cafetero, veló por los derechos Indígenas y su integración al Estado, reconoció
los derechos políticos de la mujer, construyó numerosas escuelas y universidades,
trajo la televisión al país, inició y propició la amnistía para los guerrilleros
alzados en armas, numerosas obras de infraestructura como el ferrocarril del Atlántico,
la nueva refinería de Barrancabermeja, carreteras, acueductos, aeropuertos y
centrales hidroeléctricas, realizó la automatización de la telefonía urbana y
rural para el fortalecimiento de las comunicaciones y el impulso de la
educación y la cultura, entre otras muchas cosas que se nos escapan aquí; todas
estas acciones, fueron un desafío para la oligarquía, quien no tuvo reparos en utilizar
a los estudiantes para movilizarlos en su contra, con un falso concepto de la
izquierda.
Rojas Pinilla defendió la doctrina bolivariana, lo hizo con
hechos, pero la oligarquía cerro filas para sacarlo del poder, porque lograron
identificar y aprovechar a su favor a los falsos nacionalistas y los falsos liberales,
en otras palabras, a los falsos progresistas.
Ahora, ya
hablando de los términos modernos, la falsa izquierda, ha estado siempre,
vendiéndose, como Núñez, y como otros tantos que fueron surgiendo en el
liberalismo o el conservatismo progresista, todos ellos han contribuido a que
el país no avance, no prospere y no enderece su rumbo.
Es por ello, que
las épocas nos han mostrado la evolución de los falsos, de los tibios, de los
que dicen hoy “si” y mañana dicen “no” y al otro día no se acuerdan o cambian
de tema, de esos que surgieron en una causa beligerante en los llanos
orientales y que luego se vendieron al sistema de gobierno fallido, otros que
después de ver los procesos extranjeros, se matricularon en una ideología
diferente y terminaron por ser más reaccionarios que los originales, y, los más
peligrosos, los que dicen ser alternativos, se infiltran en los procesos, salen
a las marchas y vociferan contra el sistema y el gobierno fallido, se cobijan
bajo una organización y luego destruyen el trabajo alternativo, ponen la
talanquera a quienes si tienen una visión social y luego venden el trabajo
político por unas monedas, es decir, por un cargo pequeño o insignificante o un
contrato, eso sí, siguen siendo “muy alternativos”.
Esos falsos
izquierdistas son inclusive, aquellos que asisten a muchas marchas, van y
ondean las banderas del progresismo, del movimiento alternativo, se pueden
encontrar allí, metidos en medio de la protesta social, en medio de la muchedumbre,
buscando ser entrevistados por un medio de comunicación masivo, para que sus
figuras resalten, buscando finalmente un protagonismo individual, un like en un
sitio de Facebook o un seguidor en una de sus cuentas de redes sociales, sólo
por quedar en la foto, por salir en un periódico, en la televisión, sólo por
llamar la atención, y buscar lo suyo: algo pequeño e insignificante, a cambio
de dañar todo un proceso, luego, cuando se les confronta, se les dice las
verdades y después se les pregunta: ¿cuál es tu trabajo? ¿qué has hecho por los
demás? ¿Cuáles son tus resultados? Sus respuestas son variadas, pero con la
misma intencionalidad, que quién pregunta es un agente del gobierno fallido o
que es un burgués o cualquier otra tontería, lo que si es cierto es que hay muchos
infiltrados de la fuerza publica que no les importa su gente, ni siquiera
teniendo a su propia familia protestando por un derecho que debería ser su
derecho.
Los falsos
izquierdistas los hay por montones, y son aquellos que dicen ser y no hacen
nada por mejorar algo, por intentar cambiar una situación, ni siquiera por
trabajar para sí mismos, que buscan pescar en rio revuelto a ver que consiguen,
esos son los que dañan procesos, dañan reputaciones y dañan la imagen de todo
un movimiento.
Yo digo,
sinceramente, que, son muy peligrosos, todos estos que intentan figurar, de
cualquier manera, que dicen hablar duro o supuestamente hablan duro por redes y
vociferan en las protestas, que los que posan tibiamente de nacionalistas, progresistas
o alternativos, que no dejan de ser peligrosos y se diferencian de quienes ya
se sabe cuál es su posición dentro del espectro político, de estos ya por lo
menos se conoce que se puede esperar, de los falsos nunca se sabe.
Finalmente, un
falso izquierdista nunca te va a decir que ha hecho, porque no tiene nada que
mostrar, simplemente porque no ha hecho nada, no ha aportado nada, es un fanfarrón
que sólo se va a excusar diciendo que no lo han dejado hacer.